De la postergación a la realización

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La postergación es la negación del paso del tiempo. Es dejar para después las tareas, trabajos o acciones por realizar. Postergar es no vivir en el tiempo presente, es tirar para adelante diferentes situaciones de vida, ya sea en lo relacional, en lo laboral, en lo personal. Muchas veces se postergan dificultades que se van transformando en problemas o se postergan conflictos no resueltos. Cuando uno posterga, tiene la ilusión que lo va a resolver más adelante, sin embargo comenzamos a crear un pendiente, en un tengo que o un debería. Y en  la medida que lo sigamos postergando, se convierte en un peso cada vez mayor y esto anímicamente, puede aplastar- Cuando las personas viven postergando les cuesta vivir plenamente porque están en deuda con algo. ¿Cuáles son los motivos por los cuales las personas postergan? Los motivos son  varios: comodidad, apuro, falta de tiempo, mala organización, estar acostumbrados a que otro haga las tareas, no hacernos cargo, no hacernos responsable, no darnos cuenta que el tiempo pasa. Las postergaciones se pueden clasificar según el tiempo que nos lleve realizarlas,  o la importancia subjetiva que cada persona le da a esa situación, en pequeñas, medianas o grandes. Por ejemplo
  • no comprar verduras es pequeña
  • no ir al gimnasio, no pesarse durante meses es mediana
  • no ir al médico por años, no hacernos los estudios o no empezar un tratamiento teniendo obesidad severa es grande.
Algunas personas podrían considerar que no ir  al gimnasio es una postergación grande, y no pesarse, pequeña porque aquí entra la subjetividad de cada uno. La frase típica en relación a la obesidad es: “El lunes empiezo” sin embargo ese lunes no llega nunca, o tarda años en llegar. Es importante detectar cuáles son los motivos personales por los cuales cada uno posterga. Esto implica un trabajo interior de toma de conciencia. ¿Qué es o cuáles son las excusas muchas veces que me hacen postergar? En general cuando se hace un trabajo interior de autoconocimiento, comenzamos a darnos cuenta de las postergaciones y sus motivos. “No tengo ganas, no tengo tiempo, estoy apurado/a, se me hizo tarde”, y como decíamos, es un  manejo inadecuado en la administración del tiempo. ¿Cómo abordar el tema de las postergaciones?  Primero: tomar nota de cuales son y preguntarnos qué es lo que se posterga realmente. Cuando se realiza este registro, comienza el autoconocimiento y se abre una puerta de entrada al mismo. Esto permite abordar la resolución de las postergaciones. Segundo: Detectar los pensamientos automáticos negativos que influyen en las postergaciones. Por ejemplo: “Empiezo el lunes”,  “Es mucho para mí”, “Después lo hago”, “¿Seré capaz?”, “No puedo”,  “No tengo ganas”, “Estoy cansado/a”, “No es el momento” “Siempre me toca a mí”, “Ahora estoy ocupado” “¿Porque no lo hace otro?”, “Ya lo voy a hacer”, “Es mucho trabajo” Así se van produciendo creencias limitantes que, por conductas automáticas, la persona sigue postergando. Tercero: Empezar a ser dueño de uno mismo y a administrar mejor el tiempo cada día de la vida, comenzando a realizar mini acciones, en el momento sin dejarlas para después. Consecuencias de la postergación Cuando tenemos este hábito, podemos desconfiar de nuestra capacidad de acción y de nosotros mismo, lo que nos lleva a una baja autoestima. Al dejar de postergar se da un proceso diferente, se comienza a vivir el tiempo presente en el aquí y el ahora y se van eliminando los pendientes. Aparece una nueva fuerza interior que aumenta la autoestima y la autoconfianza. La fuerza interior que va surgiendo es muy grande porque nos transformamos en realizadores, comenzamos a tener proyectos o a revivir viejos, porque cambiamos nuestros pensamientos, sentimos y creemos que son posibles. Al darse cuenta de las propias postergaciones y dejar de hacerlas, vamos tomando también conciencia de las postergaciones de las personas que tenemos a nuestro lado: familiares, compañeros de trabajo, amigos. Y nos damos cuenta de lo que le corresponde a cada uno, dejando de realizar tareas que eran de otros. Comienza a expresarnos de una manera diferente, a no tragarnos más lo que antes pensábamos o sentíamos y no expresábamos, tapándolo con la comida. Comienza a sentirnos potente, a empoderarnos, a vivir plenamente, y dejar de dar excusas o echar las culpas a los demás. En la obesidad hay una necesidad profunda de ser querido y una gran dificultad para decir “no”, o poner límites por temor a ser rechazado. Transformarnos en realizadores es fortalecernos, valorarnos y querernos, es aprender a priorizar y seguir aprendiendo cada día para seguir creciendo.

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