De la escasez a la abundancia

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Cuando escuchamos distintas opiniones en relación a la comida de las personas que padecen de obesidad, descubrimos que expresan creencias limitantes.

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Explorando Creencias Limitantes

Algunas de las creencias limitantes que descubrimos son: “Esto es poco”, “no me alcanza”, “me voy a morir de hambre”, “no es suficiente”, “hago de más por si no alcanza”, “por las dudas”, “¿y si después no tengo?”, “estoy muerto de hambre”, “me comería todo”, “si no sobra es porque faltó”, “me va a faltar”, “esto no alcanza para nadie”, “tengo miedo que sea poco”, “lo guardo por si el día de mañana lo vaya a necesitar”, “tiene gusto a poco”, “esto es para un diente” etc. etc.

Estas percepciones, arraigadas en la mentalidad de escasez, alimentan el ciclo de acumulación, ya sea de alimentos o de objetos. Nos aferramos a cosas que no necesitamos, por temor a que un día las necesitemos y no estén disponibles.

El Apego y sus Consecuencias

Nos apegamos a objetos que ya sabemos que no los vamos a usar, que hace rato que los guardamos en un placar, con un temor de que si no los tengo quizás cuando los quiera no voy a poder acceder a tenerlo nuevamente.

De esta mentalidad surge una actitud que es la del apego.

Nos cuesta soltar, desapegarnos.

El problema reside en que todas estas creencias, que generan pensamientos y sentimientos, parten de una mentalidad de escasez y en lo físico generan obesidad.

Raíces de la Mentalidad de Escasez

¿De dónde proviene esta mentalidad de escasez? Se va forjando desde nuestro nacimiento, tiene que ver con nuestra familia, los mandatos, la cultura en la que crecimos.

Y es esta mentalidad de escasez, de miedo a no tener, de miedo a la falta, nos puede transformar en seres egoístas: “me lo quedo yo porque tengo miedo que me falte”

Hacia una Mentalidad de Abundancia

Es necesario desidentificarse para dejar de recrear la misma realidad de escasez, y crear la mentalidad de abundancia, que nos posicionemos en esta nueva mentalidad con los pensamientos y sentimientos adecuados. 

La abundancia, aliada del desapego, nos permite liberarnos de los excesos y encontrar la verdadera libertad.

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