Aprender a priorizarme

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Aprender a priorizarte es una decisión.

Y esa decisión es una consecuencia directa de lo que pensás.

Nuestros pensamientos condicionan nuestras acciones y afectan, por ende, nuestro estado de ánimo.

Según lo que es importante para vos, te organizás, te ordenás, hacés o no hacés, dándole un orden a tus prioridades.

Y esto requiere tener ideas claras de lo que querés y de lo que no.

Decir si a algo o alguien, o decir no.

Es un entrenamiento y un aprendizaje, no solo en relación a nuestro entorno, sino fundamentalmente a vos mismo.

Priorizarte te hace pensar en tus objetivos. Si de verdad querés algo… ¿por qué no lo priorizás?

El tiempo no es lo que nos falta, sino claridad en las prioridades.

Si bien el tiempo es el mismo para todos, cómo decidimos distribuirlo es lo que hace la diferencia. Dependiendo de lo que es realmente importante podemos establecer que hacer y qué no hacer, es una manera de organizarnos y tener nuestros deseos en orden.

Por ejemplo: Si sería bueno para mí ir a caminar y no lo hago porque me digo que no tengo tiempo, es porque caminar, no es mi verdadera prioridad, y utilizo la falta de tiempo como excusa para no hacerlo.

Decir “No tengo tiempo” es decirnos: “no tengo vida”. Caminar no es en realidad algo que antepongo al resto de la cosas.

De mis prioridades depende mi motivación. El querer o no querer, el hacer o no.

Todos tenemos prioridades en la vida, aunque para cada uno son totalmente diferentes, la salud, la familia, el trabajo, las relaciones afectivas con amigos etc. ocupan distintos escalones en nuestras elecciones.

Entonces es positivo que nos planteemos que es lo importante para cada uno, y a partir de ahí ir estableciendo nuestras prioridades, ya que irán marcando nuestro camino y nuestra vida.

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